El cannabis y los cannabinoides ejercen distintos efectos en nuestro cuerpo y para nuestro dolor, y lo hacen tanto a nivel nervioso como en los órganos periféricos. Pero esto no lo hemos descubierto nosotros ahora. ¿Sabías que el cannabis ha sido utilizado como planta medicinal desde hace miles de años? Así fue su interés hasta que aparecieron los opiáceos. Entonces, el uso del cannabis como planta medicinal fue disminuyendo ante su aumento. Pero… Vayamos al centro de la cuestión. ¿Qué hace que el cannabis se considere una planta muy beneficiosa para nuestro organismo? 

La respuesta se esclareció cuando se aislaron los compuestos orgánicos de la marihuana, conocidos, entre otros muchos, como los cannabinoides ‘THC’ y ‘CBD’. Estos, tienen la increíble habilidad para conectarse con muchas células de nuestro cuerpo, y popularmente, en la comunidad médica se conocen como ‘la llave de un candado molecular’. El cannabis ejerce su efecto a distintos niveles para mantener el equilibrio en nuestro cuerpo, e implica una grandísima variedad de procesos fisiológicos.  

¿Qué sabes en realidad sobre el cannabis? ¿Qué relación tiene el cannabis con el dolor crónico? ¿Sabes verdaderamente cuáles son las razones por las que sí hacer un consumo controlado de esta sustancia? Si no puedes dar respuesta a las preguntas que te estamos planteando, no te preocupes: en Hollyweed te lo contamos. 

El dolor se puede controlar gracias al THC 

En otras palabras, el THC consigue conectarse a nuestro organismo actuando como un mensajero químico. Aquí es donde entran otros dos factores importantísimos que harán que entendamos el buen funcionamiento del cannabis en nuestro sistema.  En los años 90 se descubre, entonces, otro cannabinoide -esta vez, que nuestro cuerpo segrega de manera natural-: la anandamida. Además, se descubre que esta ‘anandamida’ forma parte de un sistema más grande de comunicación intercelular del cuerpo: el ‘sistema endocannabinoide’. 

Así pues, se descubre que este sistema está íntimamente conectado a los procesos auto-regulatorios de nuestro cuerpo (control de temperatura, PH, nivel de azúcar en sangre, etc.), e interviene en numerosos procesos de nuestro organismo. Son ejemplos la coordinación motora, la neuroprotección, el apetito o el control del dolor. 

El sistema endocannabinoide mantiene un complejo equilibrio del cuerpo 

El THC y el CBD son dos de más de los cien cannabinoides que la planta del cannabis produce. Y, aunque ya podemos intuir que son muchos los beneficios de su consumo, de entre esos destaca el tratamiento del dolor. El cannabis, pues, administrado en dosis adecuadas, ayuda a controlar la epilepsia, el dolor crónico, o incluso a abrir el apetito a pacientes diagnosticados con el VIH. 

Muchas son las razones por las que sí hacer un consumo controlado del cannabis o la ‘marihuana’. No obstante, como hemos comentado, en el campo del dolor crónico inciden dos factores muy importantes: que este consumo esté dictaminado a través de prescripción médica y que se someta un control exhaustivo para la adicción a los opioides.

Hacemos incidencia en esta problemática haciendo referencia, en el problema de salud pública que generó el consumo de opioides en Estados Unidos. Este tema llevó a las sociedades científicas a cuestionar seriamente su uso como tratamiento de larga duración en pacientes con dolor crónico de origen no oncológico y cambió el panorama del uso del cannabis medicinal prácticamente a nivel mundial. 

¿Cómo afecta el cannabis medicinal al dolor crónico?

Sin embargo, está probado de manera científica que el uso de cannabinoides en personas que sufren dolor crónico de manera habitual permite disminuir las dosis de opiáceos que se les administran. Este es un efecto muy positivo, ya que para estos pacientes conlleva dos beneficios: la disminución del dolor y del riesgo a la adicción a estos opiáceos. En resumen: la mejora en su calidad de vida.

Eso hace que, en la actualidad, el uso del cannabis medicinal esté mucho más vigilado de lo que estuvieron y están los opioides en el campo del dolor. 

En definitiva, y aunque hay que tener en cuenta la problemática de los opiáceos, las evidencias científicas disponibles son favorables al uso del cannabis en pacientes con dolor crónico, especialmente en casos de dolor neuropático y oncológico. Ante estos datos, ¿por qué negar al paciente ese consumo controlado? ¿No es entendible que paciente y médico consensúen ese consumo si el cannabis ha acompañado al ser humano durante miles de años?

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