Todos sabemos que, en nuestro país, cuando queremos referirnos al cannabis y a su consumo legal, el debate es largo. Entonces, ¿qué sucede? ¿Cómo podemos saber si el consumo que hacemos de este cannabis es legal, o no lo es? ¿Dónde podemos consumir sin incurrir en delito? Intentaremos aclarar esta y otras muchas dudas poniendo el foco en la ciudad de Barcelona.
Pero, mejor, ¿por qué no empezar por el principio? En referencia al consumo de cannabis, la ley española puede ser difusa y laxa. La cuestión, es: ¿consumir marihuana en el estado español es legal? Y la respuesta no es sencilla. Sobre el papel, el cultivo, la posesión y la compra son ilegales, a no ser que estos actos se produzcan en la privacidad y sin ánimo de lucro. No obstante, la legislación no es homogénea. Aunque fumar marihuana se considere un asunto privado y personal entendido como “legal”, cualquier usuario de la misma que sea sorprendido con cannabis en su posesión o fumando, podrá recibir sanciones administrativas o delictivas.
Sí, España en un compendio global está muy lejos de legalizar el cannabis. Existe un estigma social muy extendido que azota a sus consumidores y que hace difícil la normalización de su consumo. Entonces, ¿qué podemos hacer?
Asociaciones y Clubes Cannábicos, una solución viable y legal
La gran pregunta es: si el consumo de cannabis está pensado, ¿cómo puede ser que los Clubes Cannábicos (CSC) estén tan en auge? Y la respuesta es lógica, pero no sencilla: el sistema legislativo tiene lagunas incongruentes (o no) que permite a los clubes privados de cannabis operar bajo el manto de la legalidad.
¿La clave? Simple. Los CSC españoles (y de la ciudad de Barcelona) son muy diferentes a las cafeterías de Ámsterdam, ya que éstos son privados, requieren membresía y legalmente no tienen permitido publicitarse públicamente. Además, no toleran la compra-venta de cannabis fuera de sus paredes.
En la actualidad, el cannabis no está legalizado en España, pero su autocultivo y autoconsumo está permitido siempre que se haga en privado y no esté destinado al tráfico. Así de difusos son los límites: lo penado no es el autoconsumo, sino lo que el juez pueda determinar como cultivo de plantas para un consumo individual, o con fines de lucro. Cada caso en concreto es un caso diferente a estudiar.
Barcelona, «la nueva Ámsterdam»
En el estado español la legislación es confusa, y más aún cuando nos adentramos en sus diferentes comunidades autónomas. Es así ya que cada comunidad tiene unas leyes concretas (regidas bajo la ley general) que son más o menos laxas con el consumo de cannabis. En el caso de la comunidad catalana, este consumo es altamente permitido: sí, se conoce popularmente como “la nueva Ámsterdam”.
Y aquí es donde entramos. Los CSC de Barcelona como el nuestro son muy diferentes a las cafeterías de Ámsterdam, y todo radica en dos claves: bajo la ley catalana el cultivo de marihuana es legal (si es para autoconsumo), pero si este no se puede ver desde la vía pública, y, sobre todo, la posesión es legal si la sustancia está en espacios privados, es decir, dentro de nuestra casa o en los clubs cannábicos.
De este modo, se hace tan necesario poder contar con el soporte de un CSC, ¿no te parece? Asociaciones o clubes como el nuestro se erigen para dar respuesta y solución a las lagunas de este sistema legal. Ya explicamos los beneficios de hacerse socio de un CSC en una de nuestras anteriores entradas, pero te lo resumimos de nuevo en tres palabras: protección, tranquilidad y legalidad. Suena bien cuando hacemos referencia a un consumo penado fuera del ámbito privado, ¿verdad? ¿Para qué jugársela?